La historia del pienso para perros: un invento de la industria, no de la nutrición

La historia del pienso para perros: un invento de la industria, no de la nutrición

Durante décadas nos han hecho creer que el pienso es la forma “normal” de alimentar a los perros.
Que es completo, equilibrado y pensado específicamente para sus necesidades.

Pero si miramos la historia con un poco de perspectiva, la pregunta es inevitable:

Si el pienso es tan perfecto, ¿por qué no existió siempre?

La respuesta no es cómoda, pero es necesaria: el pienso es un invento muy reciente y su origen tiene mucho más que ver con la industria y el contexto histórico que con la nutrición natural de los perros.


Antes del pienso: ¿qué comían los perros durante miles de años?

Durante miles de años, los perros convivieron con los humanos sin sacos de comida, sin extrusionados y sin etiquetas que prometieran fórmulas milagro.

Su alimentación se basaba en alimentos reales y disponibles en su entorno, como:

  • Restos de caza

  • Vísceras

  • Huesos

  • Alimentos frescos

Una dieta acorde a su biología, como animales carnívoros y oportunistas.
No era perfecta, pero sí natural y, sobre todo, reconocible como comida.

👉 La alimentación natural no es una moda reciente: es la forma original de alimentar a los perros.


El primer pienso de la historia: James Spratt y el inicio del negocio

La historia del pienso para perros comienza a mediados del siglo XIX y tiene nombre propio: James Spratt.

Spratt era un empresario estadounidense que, durante un viaje a Inglaterra, observó cómo los perros que vivían cerca de los puertos se alimentaban de restos de galletas duras que los marineros tiraban por la borda.
A partir de esa escena tuvo una idea que cambiaría la forma de alimentar a los perros para siempre: fabricar un alimento específico para ellos.

En 1860 lanzó al mercado las primeras dog biscuits, elaboradas principalmente con:

  • Harina de trigo

  • Verduras

  • Remolacha

  • Subproductos

No era una respuesta a una necesidad nutricional detectada en los perros.
En ningún momento se estudió si ese alimento respetaba su biología.

Era, sencillamente, una oportunidad de negocio: un producto barato, fácil de almacenar y con un público cautivo.

👉 Por primera vez en la historia, la alimentación de los perros se convertía en un producto industrial.


De la galleta al saco: cómo el negocio creció antes de la guerra

Las galletas de James Spratt tuvieron éxito, especialmente entre las clases urbanas y acomodadas.
No porque fueran mejores desde un punto de vista biológico, sino porque ofrecían comodidad y estandarización.

Ese fue el verdadero cambio de paradigma:

  • La comida dejó de ser alimento

  • Pasó a ser producto

  • Y la industria empezó a decidir qué debían comer los perros

A partir de ahí, otras empresas siguieron el mismo camino, sentando las bases de la industria del pienso tal y como la conocemos hoy.


El origen del pienso industrial: cuando la industria buscó una solución rentable

El siguiente paso no llegó porque los perros necesitaran algo mejor, sino porque la industria necesitaba una solución práctica y rentable.

A principios del siglo XX:

  • La industria cárnica generaba grandes cantidades de subproductos

  • Los cereales eran baratos, abundantes y fáciles de almacenar

La idea era clara:
👉 crear un alimento barato, duradero y fácil de producir a gran escala.

Así empezó a gestarse el concepto de pienso industrial, pensado para la eficiencia y la rentabilidad, no para la biología del perro.


La Segunda Guerra Mundial y el auge del pienso extrusionado

El verdadero punto de inflexión llegó durante la Segunda Guerra Mundial.

En ese momento, el aluminio se destinó casi en exclusiva al esfuerzo bélico, lo que llevó a la prohibición de su uso para latas.
Las latas de comida húmeda, que hasta entonces se utilizaban para alimentar a los perros, dejaron de ser una opción viable.

La industria necesitaba una alternativa:

  • Que no dependiera del aluminio

  • Que pudiera conservarse durante largos periodos

  • Que fuera barata y fácil de transportar

La respuesta fue el pienso seco extrusionado, elaborado principalmente con cereales y subproductos.

👉 El pienso no se popularizó porque fuera mejor para los perros, sino porque era la opción posible en un contexto de guerra.

Una decisión logística e industrial acabó marcando durante décadas la forma de alimentar a millones de perros.


La extrusión: el nacimiento del ultraprocesado para perros

La extrusión es un proceso que somete los ingredientes a altas temperaturas y presiones extremas.
Esto permite crear un producto seco, uniforme y con larga vida útil, pero con un coste nutricional importante.

Durante este proceso:

  • Se destruyen nutrientes naturales

  • Se alteran proteínas y grasas

  • Se pierde la estructura original de los alimentos

Por eso, después, es necesario añadir vitaminas y minerales sintéticos para que el producto final pueda etiquetarse como “completo”.

👉 Si un alimento necesita ser reconstruido químicamente, difícilmente puede considerarse natural.
Eso no es nutrición: es ingeniería alimentaria.


Marketing, no biología: el mito del pienso “completo y equilibrado”

Con el paso del tiempo, el pienso no solo se normalizó, sino que se convirtió en la opción recomendada.

La industria construyó un relato basado en:

  • El miedo a hacerlo mal

  • La comodidad

  • La idea de que solo un producto industrial puede ser equilibrado

Se empezó a hablar de “alimento completo y equilibrado”, mientras se alejaba cada vez más al tutor de la comida real.

👉 El marketing sustituyó a la biología.
Y cuando dejamos de confiar en los alimentos naturales, empezamos a depender de sacos y etiquetas.


¿Por qué el pienso no es natural (aunque lo diga la etiqueta)?

Por mucho que lo indique el saco, el pienso no puede considerarse natural porque:

  • Es un alimento ultraprocesado

  • Se elabora con ingredientes que los perros no encontrarían en la naturaleza

  • Se cocina a temperaturas que destruyen nutrientes

  • Puede almacenarse durante años sin refrigeración

👉 Lo natural no se extrusiona, no se conserva durante meses y no necesita aromatizantes para resultar apetecible.


Alternativas al pienso: volver a la alimentación natural

Ante esta realidad, cada vez más personas buscan alternativas al pienso industrial que respeten la biología de los perros.

La alimentación natural se basa en:

  • Ingredientes reales y reconocibles

  • Alimentos frescos

  • Dietas adaptadas a su sistema digestivo

Buscar alternativas al pienso no es ir en contra del progreso, es cuestionar un modelo que priorizó la industria por encima de la biología.

👉 La mejor alternativa al pienso no es otro producto industrial, sino una alimentación natural bien planteada y basada en comida de verdad.


Las consecuencias de décadas de pienso en perros y gatos

Problemas como:

  • Digestivos

  • Alergias

  • Sobrepeso

  • Problemas dentales

se han normalizado hasta el punto de parecer inevitables.

Sin embargo, muchos de estos problemas están relacionados con una alimentación que no respeta la biología de perros y gatos, sino que responde a un modelo pensado para producir y conservar, no para nutrir.

👉 No es culpa de quienes han confiado en el sistema, sino de un modelo que puso la rentabilidad por delante de la nutrición real.


En CRU lo tenemos claro: no trabajamos con pienso

En CRU creemos que alimentar bien a perros y gatos empieza por respetar su naturaleza.

Por eso no trabajamos con pienso y apostamos exclusivamente por alimentación natural, elaborada con ingredientes reales y pensada como una alternativa coherente al pienso industrial.

👉 Porque comer no debería ser un acto industrial, sino biológico.

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